Yardena cuenta con más de tres décadas dedicada a la pintura, años en los que ha creado un universo visual profundamente mexicano con cierta nostalgia de su propio linaje. Universo capaz de sorprender al público en este nuevo renacimiento explosivo, lleno de experiencias y conocimiento de las técnicas pictóricas.

Dunia Rodríguez (Syntaxis Informativa).- “Agradezco todos los ‘no’ que me ha dado la vida porque son una oportunidad para seguir y buscar”. Así lo hizo: buscó y encontró, primero a los maestros, luego un inmenso horizonte en cada lienzo donde declara su amor a México.

Yardena Goldberg es pintora, nacida en la capital del país en 1961, una época donde “los vecinos de la esquina te conocían y te cuidaban, había campañas de siembra un árbol” y prevalecían valores acuñados desde el hogar.

Recuerda su infancia y las paredes de su casa donde empezó a hacer sus primeros trazos.

“Siempre quise ser pintora”, dice, “pero en aquel entonces no era una carrera muy formal. Mi mamá quería que estudiara otra cosa. Lo hice. Estudié Diseño Gráfico en la Universidad Iberoamericana y le entregué el título”.

Pero su pasión por los pinceles y el caballete encontraría otra rémora. Al intentar inscribirse en la carrera de artes visuales en la escuela de pintura y escultura La Esmeralda, fue rechazada por superar la edad para estudiar ahí: 35 años.

“¿Puedes creerlo? es tristísimo que a los 35 años ya no te dejen inscribir. Entonces me fui a la Academia San Carlos que es extraordinaria. Ahí comencé a tomar clases de dibujo, pintura y llegué a tomar unos cursos muy interesantes donde explicaban la técnica renacentista que me interesaba mucho aprender”.

Después tomó clases sobre atmósfera y color, así como una infinidad de cursos para experimentar y especializarse en el claroscuro, “y lo más importante fue dar volumen a los trazos, porque ¿sabes? desde el fondo del lienzo con las capas de color se crea una tercera dimensión”.

Te dije que quería ser pintora

Cuando niña, entre pintar en las paredes con gis o tierra y escuchar los consejos de su madre, aprendió una de las lecciones más significativas:

“Mi mamá nos enseñó que lo más importante es salir adelante y hacer las cosas. Ella nos decía que las mujeres pueden, que el trato debe ser igualitario, que los valores de las personas están en quién es uno y no en lo que tienes. Eso es para mí el sello de mi vida”.

De ahí que la negativa para ingresar a una escuela, la convirtió en oportunidad, porque “no hay nada imposible más que la muerte, todo lo demás es posible; a mi no me detuvo nada, yo pintaba a cualquier hora, en la madrugada o al medio día, o sea no hay un límite más el que tu te pones para lograr lo que deseas”.

La primera exposición individual de Yardena Goldberg fue en el Polyforum Cultural Siqueiros en 1989. “No sabía si me iban a dar el lugar, pero ese recinto me encantaba y decidí que ahí quería exponer”. Su obra gustó y abrió el camino a una serie de muestras colectivas en varios estados del país.

México, mi amor

“Amo a mi país. Estoy muy orgullosa de se más mexicana que el chile güero, porque soy rubia de ojos verdes. Para mi, México es un honor”. Recuerda que en su infancia, cuando tocaban el Himno Nacional era “muy serio, un acto muy respetuoso”.

Este amor a México es lo que Yardena Goldberg lleva a sus lienzos, por muchas circunstancias: “primero por los colores alegres y después por los temas y las texturas”.

De mano de su madre, a la edad de ocho años, Yardena Goldberg conoció además de otros recintos, el Palacio de Bellas Artes en el Centro Histórico de la Ciudad de México, ahí quedó cautivada por la grandeza de los lienzos, pero sobre todo por las texturas.

“Me encantaba jugar con la tierra y cuando vi esos cuadros y luego al observar la tierra, empecé a darme cuenta que tiene varias texturas: si la mojas es lisa, con menos agua se hace grumosa, en fin todo eso tan palpable, tan texturizable que nos caracteriza a los mexicanos: la textura que tenemos en la música, en los colores. Para mi todo México es un arte, adonde volteo puedo perderme y ver el bullicio, los rostros, los colores de la piel, la gente que es color, es alegría”.

A Chuchita se la bolsearon

Yardena Goldberg dice ser “una Tamayita” por la influencia de Rufino Tamayo que se advierte en sus obras. De él le “cautiva su inocencia y su percepción de la esencia mexicana”, una esencia afincada en el color, en la alegría y en el doble sentido del lenguaje.

Narra que su madre era dada a los dichos y en casa tenían un libro “poco aceptado, pero chistosísimo, se llamaba Picardía Mexicana. Luego empezó a interesarme la preservación del lenguaje y los dichos. Mi preferido es ‘a Chuchita se la bolsearon’, dice tantas cosas que si no eres mexicano no lo entiendes. A veces se me ocurre que si me paro en mitad de Francia, Australia o Japón y me pongo a gritar ‘a Chuchita se la bolsearon’ solamente los mexicanos van a voltear a ver”.

Los dichos, la ironía, la risa y el desparpajo, el doble sentido y el sarcasmo, son la narrativa pictórica que propone Yardena Goldberg. En sus trazos piensa la vida como una caricatura y entiende que nada, en la naturaleza y sobre todo en la humana, es imperfecto.

“Me encanta la música, la risa, el barullo, la vacilón. Es emocionante, honorable. Lo amo”.

 

Tengo un sueño

La exposición individual Del dicho al hecho, un trazo he hecho que se presenta en el Museo Torres Bicentenario de Toluca, programada de mayo a junio, podría quedarse un mes más.

“Sueño que mi obra se vaya pronto a otro país. Tengo el sueño de estar en Nueva York, porque es un lugar donde muchos inmigrantes llegaron huyendo de todas partes del mundo. Quiero que la representación alegre que tienen mis obra de México llegue a París, pero también a Zacatecas, Tlaxcala. Estar donde México quiera recibir a México”.

Yardena Goldberg cuenta con más de tres décadas dedicada a la pintura, años en los que ha creado un universo visual profundamente mexicano con cierta nostalgia de su propio linaje. Universo capaz de sorprender al público en este nuevo renacimiento explosivo, lleno de experiencias y conocimiento de las técnicas pictóricas. (STX/DR/Ciudad de México, junio 22 de 2018).