Hablar con diminutivos es un rasgo distintivo de nuestra colectividad, que tiene un carácter amortiguador entre los hablantes, además de marcar una relación de respeto y afecto.

Dunia Rodríguez.- Decir las palabras con cariño y “en chiquito”, o sea con diminutivos, es característico del hablar de los mexicanos.

Los diminutivos son sufijos que agregados a una palabra expresan menor tamaño o aprecio, aunque en algunos casos es despectivo, como en “ladrón = ladronzuelo”, no así en “amor = amorcito” o “señora = señorita”, que denotan estima, o “suéter = suetercito” que expresa cariño por un objeto.

El uso de los diminutivos en el español de México, tiene su origen en el idioma Náhuatl, según expone el historiador José Ignacio Dávila Garibi en Posible influencia del Náhuatl en el uso del diminutivo en el español de México:

“El abuso del diminutivo llega hasta los adverbios, que por su naturaleza son invariables y se hace extensivo a algunos giros, modos o locuciones adverbiales tan abundantes en el lenguaje popular de México. Sirvan de ejemplo adiosito, por favorcito, apenitas, etcétera”

En el Náhuatl abundan los diminutivos con diversos matices y significados, lo mismo en los topónimos, que en la poesía o en la expresiones coloquiales.

Ejemplos de ello se encuentran en la Exhortación e instrucción a las hijas y en las palabras sobre Educación sexual al hijo, recopiladas por Fray Bernardino de Sahagún (Reino de León, España 1499 – Tlatelolco, Nueva España 1590), misionero franciscano, que se hizo especialista en la lengua Náhuatl y a quien se debe uno de los documentos etnográficos más relevantes de México: Historia general de las cosas de la Nueva España.

En la Exhortación e instrucción a las hijas, habla el rey:

“Estas aquí, collar mío, plumaje fino mío. (…) ¿Cómo habrás de vivir? ¿Cómo habrás de seguir por breve tiempo el camino de la vida? Hijita mía, pequeñita mía, tortolita mía.”

En Educación sexual al hijo, el padre expresa al muchacho:

“Óyeme, por favor, hijo mío, varoncito mío estas mis palabras; guárdalas en lo más íntimo de tu corazón, escríbelas allí. (…) Los niños y jovencitos son muy amigos y muy amados del Dueño del mundo, al par que las jovencitas. Viven a su lado, él los ve como amigos, a su lado gozan.”

En el caso de los topónimos se encuentran aún en la actualidad numerosas localidades donde leemos el sufijo –tzin, que al unirse a la palabra raíz, expresa diminutivo. Dávila Garibi nos da algunos ejemplos:

Tzapotzinco = en los zapotitos; Acatzinco = en los carricitos; Nopaltzinco = en los nopalitos; Mexicaltzinco = en las casitas de los mexicanos.

La abundancia de diminutivos se cultivó durante el periodo colonial, cuando los españoles avecindados y nacidos en México, escuchaban a los aztecas y viceversa. En esa mezcla de idiomas y culturas, ambos mundos aprendieron nuevas palabras y, por fortuna, se conservó
el carácter afectivo del habla de los aztecas.

¿Gustas un cafecito?

En México no brindamos ayuda, “echamos una manita”; no buscamos cooperación sino que pedimos “una ayudadita”. El diminutivo permite matizar las expresiones y con ello ser amables.

Pedimos y ofrecemos “favorcitos”, convidamos “una probadita” de una comida, invitamos a los amigos a “una fiestecita”.

Ahorita voy, dame tantito son expresiones sin medida alguna. Así, el “ahorita” puede durar cinco minutos que prolongadas horas o días o no ocurrir nunca. El “tantito” lo mismo es una pizca que un enorme bocado. Otro caso son los días o diítas”, coloquialmente decimos “diyitas”, que de tan cortos, no llegar a ser días, es decir, no tienen tiempo preciso.

Lo mismo ocurre con “cerquita”, “poquito”, cantidades y distancias donde las dimensiones se diluyen cuando se convierten en “cerquitita” y “poquitito”.

Ahí va el golpe

En México, el uso del diminutivo no es para expresar una entidad despectiva, sino que permite “al hablante crear contextos comunicativos siempre novedosos y, sobre todo, altamente idiosincrásicos, pues su uso parece estar regulado culturalmente”, refiere Jeanett Reynoso Noverón en el estudio Procesos de gramaticalización por subjetivación del uso del diminutivo en español.

Aunque también, para que el golpe no se sienta tan recio, usamos expresiones como “el muertito”, “está bien prietito”. Ambas, son ejemplos que están muy lejos de ser un cumplido, sino que se colocan para amortiguar el golpe.

Así, hablar en chiquito es un rasgo distintivo de nuestra colectividad, que tiene un carácter amortiguador entre los hablantes, además de marcar una relación de respeto y afecto. (STX/DR/Ciudad de México, octubre 9 de 2918).