Arturo Noria Sánchez*.- Las nuevas tendencias en las áreas de Recursos Humanos se orientan hacia el cuidado del clima laboral, por ello han dado gran importancia al manejo de las emociones entre los colaboradores.

Las emociones desempeñan un papel fundamental en la productividad y deben evaluarse desde la contratación, así como en la inducción y motivación, para retener e inclusive para enfrentar situaciones críticas, como puede el despido de una persona o varias, dentro de una organización.

Independientemente del perfil y las capacidades requeridas para un determinado puesto laboral, es una realidad que si el empleado no mantiene una buena relación consigo mismo y con sus emociones, tampoco logrará una correcta interacción con el equipo. No solo dificultará su comunicación sino también su desempeño laboral, porque sus emociones serán un factor de inestabilidad.

De ahí, que del correcto manejo emocional se logrará un desempeño eficaz o por el contrario, contribuirán a que fracasen en la consecución de sus objetivos establecidos.

Yo y mis mecanismos de defensa

Al nacer, los seres humanos poseemos emociones neutras, es decir, no son ni buenas ni malas, somos nosotros quienes les damos el poder ser positivas o negativas. Por eso no nos afecta lo que sucede sino cómo lo interpretamos y cómo lo solucionamos.

Hay que cuestionarnos: ¿A nivel estadístico, cuántas personas han dejado sus empleos o han sido obligados a separase de la empresa por crear relaciones de trabajo poco empáticas e inclusive tormentosas?

Algunos colaboradores utilizan mecanismos de defensa como la victimización aduciendo que todo mundo está en su contra.

Cuando no nos hacemos responsables de nuestros actos basándonos en una mala interpretación emocional, pretendemos que lo malo proviene del exterior, que nosotros somos perfectos y esperamos que los demás modifiquen sus conductas. Buscamos que la balanza se cargue hacia nosotros, cuando el punto está en preguntarnos qué hemos hecho para que las cosas sucedan así.

Analizar los actos propios requiere de tomar conciencia de las emociones propias y como éstas han jugado en detrimento de los procesos de crecimiento.

Esto es algo que se debe trabajar de manera profunda e individual sin esperar que jefes, subalternos, asesores, proveedores o socios de negocios lo hagan notar.

No hay que olvidar que nuestras emociones marcan nuestra conducta observable. Es como la punta del iceberg en donde sólo podemos ver lo que se encuentra en la superficie. Pero, debemos preguntarnos qué hay debajo de la superficie y qué se encuentra en el inconsciente. Eso es lo que nos hace actuar de una manera o de otra.

Existe una máxima en psicología que dice: “Si modificas tus procesos disfuncionales, ten la seguridad de que afuera todo cambiará también”.

Empezar por el principio

Debemos reconocer si el trabajo de análisis de quiénes somos y cómo son nuestras emociones, podemos hacerlo solos o requerimos de la ayuda de un profesional. Tener la humildad de buscar ayuda no nos hace débiles, nos convierte en humanos con la capacidad de reconocer limitaciones propias sin que esto signifique incapacidad para realizar todo lo que se quiera.

Por lo tanto, lo importante es mantener los siguientes procesos de crecimiento y de gestión emocional:

Auto concepto: es la opinión que cada persona tiene de si misma, en donde se ve asociado un juicio de valor sobre capacidades, aptitudes y características que se presentan en forma de creencias preestablecidas desde la infancia.

Autorregulación: es la capacidad de experimentar y validar las emociones de forma flexible y funcional, estar conscientes de las emociones propias para expresarlas de manera adecuada o por el contrario dejarlas ir cuando no sean necesarias.

Tolerancia a la frustración: la palabra nos remite a algo que puede ser muy desagradable, sin embargo la frustración sobre todo como aprendizaje es fundamental en los niños y significa el no darles todo lo que pidan en el momento que ellos quieran. Esto –en efecto frustra a los niños–, pero los hace tolerantes y sobre todo desarrollan su creatividad para buscar alternativas. De lo contrario serán adultos que no aceptan un NO como respuesta y lo manifiestan con rabietas y agresividad como su único recurso, produciendo serios problemas en la convivencia personal y profesional.

Motivación: es la serie de procesos que estimularán a una persona para que realice u omita una acción encaminada a satisfacer o alcanzar sus objetivos, por lo que son todos aquellos factores exógenos o endógenos que determinan acciones de un ser humano.

Empatía: la empatía es la capacidad de poderse poner en el lugar del otro, intentar ver el mundo como la otra persona lo vería, para una mejor comprensión de sus sentimientos, necesidades y estado emocional.

Trabajo colaborativo: este concepto a diferencia del “trabajo en equipo” resulta más asertivo. El trabajo colaborativo supone apoyar y poner a la disposición del grupo de trabajo conocimientos, información, materiales e ideas con la finalidad de contribuir al crecimiento común. Es aportar nuestras capacidades en beneficio de todos aunque no seamos afines a ciertas personas.

Las emociones deben gestionarse, porque en todo momento estamos interactuando con personas y situaciones diversas. Hacernos conscientes de cómo afectan y modificar aquellas emociones que generen conductas negativas, nos llevará a tener una mejor relación con nosotros mismos y con nuestro entorno laboral.

Arturo Noria Sánchez es Maestro en Psicología Jurídica y Criminológica, Tanatólogo.