Juan Okie (Syntaxis Informativa).- Si se observa bien, el planeta Tierra tiene una zona geográfica que en cada continente se caracteriza por ser desierto. Así vemos el Sahara en África o el norte de México donde se ubica el desierto de Altar  o el desierto de San Luis Potosí, destacan también la Zona del Silencio y Cuatro Ciénagas, en Coahuila.

Los desiertos, generalmente se ubican en la zona del Trópico de Cáncer en el hemisferio norte, pero esto también lo vemos en el hemisferio sur.

Pero esas zonas que ahora vemos arenosas, amarillentas, calientes, con climas extremosos e inhóspitas, algún día fueron regiones de sabanas y praderas frondosas y muchas de ellas estuvieron sumergidas dentro del mar como es el caso de Cuatro Ciénegas donde encontramos infinidad de fósiles marinos.

En el interesante Museo del Desierto de la ciudad de Saltillo, Coahuila vemos los restos de dinosaurios que otrora habitaron en esas zonas desérticas cuando eran regiones de abundante vegetación.

Se calcula que todos esos desiertos fueron verdes entre los 5,000 y 10,000 años y facilitaron la migración de los homínidos, del homo erectus y homo sapiens del sur de África hacia Europa, Asia y quizás hasta América u Oceanía. Esos fueron los depredadores y recolectores y en forma nómada se fueron moviendo hacia otras latitudes y que una vez sedentarios desarrollaron la cacería a través de la fabricación de las armas.

La gran cantidad de lagos, afluentes y lluvias les permitieron desarrollar la domesticación de las plantas y la agricultura como fue el caso de Tehuacán, Puebla donde se logró domesticar al Zea mays ahora conocido como Maíz, la calabaza, jitomate, frijoles, cacahuates, chiles, etc.

Imvestigadores de las Universidades de Arizona, Columbia y Estocolmo, Suecia, han logrado reconstruir los mapas climatológicos de esas regiones. A esos cinturones se les ha denominado ecoclimáticos o biogeográficos de transición.

Los fósiles que se encuentran en esas regiones explican estos antiguos entornos ahora desaparecidos. En las montañas de la Baja California se encuentran pinturas rupestres que “narran” la fauna que habitó en los ahora desérticos lugares. Fueron épocas del deshielo posteriores a la época glaciar y los remanentes de agua crearon los llamados “oasis” a medida que se produjera la desertificación.

Ahora el reflejo solar y los vientos generan tormentas de polvo que contribuyen a desertificar más y alejar las posibilidades de lluvia. En Cuatro Ciénagas hay una hermosa zona de dunas blancas que sorprenden a uno por considerarlas privativas de los grandes desiertos y a la vez encontramos hermosos cuerpos de agua con especies de tortugas y peces únicos que quedaron aislados de la evolución. Hoy esta zona de Coahuila se ve amenazada por la industrialización de la cuenca lechera que demanda cada día más agua.

La destrucción de los ecosistemas hace 5 mil años se debió quizás a la refracción del sol y los cambios climáticos que se fueron manifestando con mayor evaporación del agua. Aunque estos fenómenos se dan cada 20,000 años hay expertos que afirman que hubo cambios bruscos que en un par de siglos acortaron el entorno. Asimismo se asocian los meteoritos que impactaron a la tierra, especialmente en la península de Yucatán y a quienes se les atribuyen haber afectado a las grandes especies de dinosaurios.

Lo que ya hoy podemos asegurar es que sí existe un cambio climático y un proceso de desertificación que está alterando nuestras formas de vida. Mucho de este cambio se explica por la participación del ser humano en la biodegradación.

Lo que sí debemos agradecer de ésa época de los desiertos verdes es que permitieron que las razas aborígenes negras de donde venimos todos nosotros, de las cuencas de Kenya y Tanzania, pudimos emigrar y evolucionar a lo que acualmente somos: Homo sapiens sapiens y que los ignorantes racistas se niegan a reconocer: “Que somos hijos de varias Evas negras”. (STX/Juan Okie/Ciudad de México, enero 15, 2018).