Conti González Báez (Syntaxis Informativa).- El origen de las celebraciones de fin de año se remonta a la Antigüedad, cuando nuestros antepasados festejaban la llegada del solsticio de invierno y realizaban diversos rituales para invocar salud, protección y prosperidad.

La tradición de dar regalos se originó en el antiguo festival romano de la Saturnalia, en honor al dios Saturno. Se celebraba del 17 al 25 de diciembre, con el propósito de despedir al año viejo. Los romanos invitaban a comer a los amigos e intercambiaban miel con dátiles e higos, para que pasara el sabor de las cosas y el año que empezaba fuera dulce. Otros obsequios eran velas, que la gente encendía en las noches invernales para convocar al Sol de nuevo a la vida.

En la Edad Media, la iglesia intentó oponerse a las viejas costumbres; no consiguió extirpar la atmósfera disipada de la Noche de San Silvestre, que se mantuvo como la última fiesta pagana de las doce noches navideñas, comprendidas entre la Navidad y la Epifanía.

DURANTE EL IMPERIO ROMANO, ENERO ESTABA DEDICADO A JANO, EL DIOS DE LOS COMIENZOS, LAS PUERTAS, LAS TRANSICIONES, EL TIEMPO, LA DUALIDAD, LOS PORTALES, LOS PASAJES Y LOS FINALES. BIFRONTE, MIRA DELANTE Y DETRÁS: AL AÑO QUE SE VA Y AL QUE VIENE. (Cabeza de Jano en Museos Vaticanos FOTO: Loudon Dodd)

Las 12 uvas y otros rituales

El 31 de diciembre, las personas se reúnen para compartir en la mesa platillos festivos, hacer un brindis al empezar el Año Nuevo y practicar algún rito que atraiga la buena suerte.

FOTO: Chris Oakley

Uno de los más populares es comer doce uvas a las doce de la noche, una por campanada, pidiendo un deseo con cada una. Esta tradición española surgió a principios del siglo pasado, debido a intereses económicos. En 1909, unos viticultores catalanes, que habían tenido una excelente cosecha, necesitaban vender un gran excedente de uvas. En un esfuerzo desesperado de imaginación, lo consiguieron al inventar el rito de tomar las uvas de la suerte en la última noche del año.

Los portugueses tienen una costumbre parecida, comer doce uvas pasas en la Nochevieja. Los franceses prefieren descorchar una botella de champaña, bebida elaborada con uvas. Los italianos comen un plato de lentejas para llamar a la prosperidad en el Año Nuevo.

Existen muchos otros ritos para atraer la fortuna en el año que comienza. Hay quienes los consideran simples supersticiones, mientras que otros creen ciegamente en su magia.

Se dice que para tener suerte en el amor hay que ponerse calzones rojos, los cuales deben ser regalados, no comprados; también sirve besar a cualquier persona del sexo opuesto a las doce. Sentarse y volverse a parar con cada una de las campanadas, trae matrimonio.

Para asegurar la felicidad, hay que usar un calzón amarillo y barrer la casa hacia afuera. Se dice que salir con maletas a la calle garantiza viajes. Al salir, trae suerte que la primera persona con la que se tope sea joven; mientras menor sea, mayor será la felicidad.

Comenzar el año con dinero en los bolsillos o zapatos, poner un diente de ajo o un dólar en el monedero, quemar mirra o poner algo de oro en la copa del brindis son algunas cábalas para atraer dinero. Colgar un borreguito en la puerta de entrada también atraerá lana a casa.

Para asegurar la abundancia, hay que regalar bolsitas con 12 monedas o semillas. Al igual que velas y lámparas, las cuales simbolizan un deseo de luz y calor, las cosas dulces son un regalo tradicional para asegurar la dulzura en el año que viene.

La superstición de que trae mala suerte no quitar las decoraciones festivas al final del período navideño tiene raíces muy profundas.

En la Antigüedad, las personas llevaban ramas de plantas de verde perenne o siemprevivas a sus casas durante el invierno. Eran mantenidas en el interior hasta la Fiesta de las Semillas el 1º. de febrero, que marcaba el inicio del nuevo ciclo agrícola. Había que devolverlas al exterior, para soltar a los espíritus de los árboles que vivían en ellas; si no, podían afectar a la casa con su inquietud.

En la actualidad, el 2 de febrero, Día de la Candelaria, se cierra el ciclo de fiestas navideñas y se desmontan los nacimientos. Desde el siglo IX, se realiza la bendición de las candelas, que son las velas que se necesitarán en casa durante todo el año para los usos religiosos y domésticos, como ahuyentar las tormentas y honrar a los santos.

Todas las tradiciones de Año Nuevo tienen en común la esperanza de una mejor vida al iniciar una nueva etapa, que le da un gran simbolismo de renovación al inicio de un nuevo año.

(STX/CGB/Ciudad de México, diciembre 28 de 2018)