Dunia Rodríguez.- La única certeza de la vida es la muerte. Sin embargo, el tránsito entre ambos umbrales puede ser una línea prolongada al infinito, el reflejo de un instante. Octavio Paz (1914-1998) propone esta reflexión en “Cuatro chopos”, un poema contenido en Árbol adentro, libro que compendia su obra poética realizada entre 1976 y 1988.

Árbol adentro lo dominan tres temas: el erotismo, el amor y la otredad; resalta también el diálogo con la literatura y con las artes plásticas, como en el caso de “Cuatro chopos” donde el poeta hace referencia a uno de los quince cuadros de la serie de álamos que pintó Monet, creador del Impresionismo.

“Cuatro chopos” es la reflexión de Paz alrededor de la obra “Les quatre arbres” que Claude Monet realizó en 1891. Aquí, el poeta mexicano emprende un diálogo con la pintura para explorar la fragilidad del ser.

Ambos artistas, poeta y pintor, cada quien en su entorno y época, sitúan a la realidad en un punto donde el principio y fin, la luz y la sombra son individuales y correspondientes; como en un movimiento circular donde la fugacidad es inmanente a la vida, al ser humano, a la naturaleza. Eternos, el fin como el principio.

Juego de espejos

El poema es de irregularidad métrica, no obstante abona en el ritmo para dar la contundencia al tema. “Cuatro chopos” presenta gradación en el temática. En un primer tiempo el poeta otea la vida, mas se percata de su finitud y fugacidad. Líneas adelante atisba el ocaso y finalmente confronta la existencia como en un juego de espejos. En cada verso va descubriéndonos, a través de lo que ven sus ojos, ese juego circular, inasible.

Paz dibuja una línea y con ella emprende el tránsito aparentemente infinito. En el poema, el autor otea la vida en el primer verso:

Como tras de sí misma va esta línea

Advierte la finitud y fugacidad en los siguientes versos del primer cuarteto:

 por los horizontales confines persiguiéndose

y en el poniente siempre fugitivo

en que se busca se disipa

luego habrá de confrontarla como un sinfín en ascenso; comenzará la escalada y descenso, en la espiral que cuando nace se prolonga y se pierde:

—como esta línea que no acaba de escribirse

y antes de consumarse se incorpora

sin cesar de fluir pero hacia arriba:

 los cuatro chopos.

¿Qué mira el poeta? ¿Qué mira el pintor?

La obra “Les quatre arbres” es uno de los quince cuadros de la serie de álamos que Monet pintó en 1891. Esta obra, que hoy se encuentra en el Museo Metropolitano de Nueva York, retrata una atmósfera vespertina; el caer de la tarde en el río Epte, en Giverny, Francia. Ahí, a orillas del río, cuatro chopos aparecen en primer plano; su tronco sombreado por la luz violácea del final del día, se incrusta en el cielo y, hacia abajo, su reflejo se prolonga en el espejo de agua. La descripción de ese momento captado por el pintor, la ofrece el poeta en los siguientes versos:

 Aspirados

por la altura vacía y allá abajo,

en un charco hecho cielo, duplicados,

los cuatro son un solo chopo

y son ninguno.

 Claude Monet es considerado el padre del Impresionismo, un movimiento exclusivamente pictórico desarrollado a finales del siglo XIX. Este movimiento toma su nombre de la obra “Impresión: sol que nace” de Monet.

La serie de álamos, es la segunda que realizó el pintor, luego de experimentar los visos cambiantes de la luz en los montones de paja en el campo francés. Los almiares fueron el motivo para que el pintor creara obras seriadas. Monet se dio cuenta que tan pronto trazaba un primer momento de su motivo a pintar, la luz ya había cambiado. Esta experiencia fue a la vez el punto de partida de una técnica que más adelante habría de consolidarse en lo que se llamó movimiento Impresionista en artes plásticas y fue también fundacional de la pintura abstracta.

Los impresionistas se caracterizan por pintar directamente de la realidad. El tema recurrente es el paisaje. Así, Monet, comenzó a capturar instantes; emociones en movimiento; la realidad que, con la luz es cambiante.

Octavio Paz, con sus ojos, nos conduce a esa emoción en el verso 33; la tarde que el pintor atrapó desde una barca, en su lienzo:

Tránsitos: parpadeos del instante.

Entre el verano de 1890 y el invierno de 1891, Monet desarrolló la técnica de tomar la impresión del instante; donde cada cuadro de una serie se correspondía y debía servir a otro de la misma serie y predecirlo: “Ello implicaba no sólo un nuevo método de trabajo, sino también una nueva forma de entender la realidad, en la que varios aspectos diferentes de la naturaleza convergen en la idea unitaria de la misma, Monet buscaba lo instantáneo, el encapsulamiento atmosférico de las cosas y la luz esparcida por todas partes”.[1] Esta técnica marcó la transformación en la obra del pintor francés.

En “Les quatre arbres”, pintor y poeta, hacen de la realidad exterior una introspección y nos descubren que es inasible, uno con pinceladas, otro con versos:

Es real lo que veo:

cuatro chopos sin peso

plantados sobre un vértigo.

Una fijeza que se precipita

hacia abajo, hacia arriba,

hacia el agua del cielo del remanso

en un esbelto afán sin desenlace

mientras el mundo zarpa hacia lo obscuro.

Octavio Paz en “Cuatro chopos” nos permite reflexionar sobre la fugacidad de la vida, la espiral por la que transitan los sentimientos humanos, un juego aparentemente inacabable y sin embargo efímero.

(STX/DR/Ciudad de México, abril 30 de 2019).

[1] Karn Sagner-Düchting, p158.