Juan Okie (Syntaxis Informativa).- Una niña inglesa bajo el rigor disciplinario de una familia clásica y dejando volar su imaginación, caminaba a la orilla del lago Windermere mientras se debatía entre la libertad de su imaginación y la esclavitud de los patrones culturales del rancio abolengo británico.

Esa niña escribió cuentos para escaparse, luego encontró en las formas del dibujo y la pintura, un modo lúdico de soñar.

De las rígidas normas inglesas, hasta el ser declarada loca en España, para ser internada en un manicomio en Santander de donde logra escapar. De amar desenfrenadamente a Max Ernest con un delirio que le hace declarar que todo lo que sabe lo aprendió de ese hombre, hasta terminar su vida emocional en la tranquila compañía de su último marido y del amor de sus dos hijos, Leonora Carrington se dibujó así misma.

 

Rompió con los convencionalismos de su familia y como alma libre se involucra en los círculos europeos donde Dalí, Picasso, Duchamp, Joan Miró y André Breton la incitan a descubrir el surrealismo como su mágica forma de narrar en imágenes. Max la guía, la estimula y le enseña todo, desde el arte hasta el orgasmo.

Leonora Carrington es exponente de la corriente del surrealismo. Junto con Remedios Varo y Sofía Bassi lograron recrear el mundo onírico. Se cuenta que cuando André Bretón, padre del surrealismo visita México en 1938 a invitación de la Universidad Nacional para dar una conferencia, señala “Yo no sé a qué he venido, yo no tengo nada que enseñarles, México es el país más surrealista del mundo. Disculpen, hasta luego”.

Leonora, es una alma libre que huye de la guerra. Conquista Nueva York acompañada de Peggy Guggenheim y finalmente encuentra en México el lugar ideal para crecer en libertad.

Después de romper con Max, se casa con Renato Leduc y como hiedra inglesa se entrevera en el trópico salvaje de la huasteca potosina e inspira a otro hombre, a su amigo Edward James quien nos legó Xilitla, la impresionante mansión surrealista que está en la entre vegetación de la lejana Sierra Gorda y Río Verde en San Luis Potosí, México.

Ojos grandes de tanto soñar despierta

Revolucionaria en el arte, en la mente y en la política, en 1968 Leonora saca de México a sus hijos, para salvarlos del baño rojo con que Gustavo Díaz Ordaz tiñó al país.

De regreso, se casa con Emerico Weisz, fotógrafo polaco que también había huido de la guerra, conocido en el medio periodístico y de la farándula como “Chiki” Weisz. El hombre afable que fue su compañero de los últimos días.

A Leonora y a Chiki los conocí en una tertulia social con la publirrelacionista Juanita Guerra. Él no soltaba la cámara y tomaba fotos de todos los asistentes. Ella observaba todo con sus ojos enormes, su tez enjuta después de tantos años de soñar despierta.

Homenaje en el MAM

Con la justicia que merece Leonora Carrington ahora –que ya se fue de este plano y habita en el mundo de los sueños que ella construyó–, el Museo de Arte Moderno le rinde homenaje con una magna exposición, ante la cual desfilan hordas de jóvenes, ancianos y niños admirando su obra, leyendo sus reflexiones, sorprendiéndose de sus esculturas.

Leonora Carrington no cabe en ningún museo. Las salas se saturan, hay un anexo de fotos. Es mucho, debe visitarse varias veces.

A lo largo de las salas de la exposición, los chicos sacan sus celulares y capturan este diluvio de arte surrealista de Leonora la inglesa, la mexicana por devoción y la amante de los hombres que no supieron dimensionarla, mujer que aviva los sueños de libertad, mujer que sueña colores e invita a soñar.

La exposición Leonora Carrington. Cuentos mágicos se exhibe en el Museo de Arte Moderno desde el pasado mes de abril y hasta el 23 de septiembre de 2018.

El MAM se ubica en Paseo de la Reforma y Gandhi s/n Bosque de Chapultepec, Ciudad de México. Horario: Martes a Domingo  de 10:15 a 17:30 hrs. Tarifas: $ 65.OO MN Entrada gratuita: con credencial de profesor, estudiante e INAPAM. Domingo: Entrada libre general

(STX/JO/Ciudad de México 30 de julio de 2018)