Muchas veces buscamos la felicidad como si fuera una meta a alcanzar, similar a la carrera de una liebre y la tortuga que nos relata la fábula de Esopo. Sin embargo, en la vida real no es así la felicidad ya que las pequeñas alegrías que tenemos cada día son las cantidades que necesitamos para ser felices

Por Juan Okie (Syntaxis Informativa).- En sencillas palabras, se trata de juntar las pequeñas alegrías que te da la vida –cada hora–, y al recostar tu cabeza en la almohada, sonríe porque has pasado un día más pleno de felicidad. Así de simple.

Y si juntamos siete días de pequeñas dosis de felicidad, tendremos una hermosa semana. Luego la multiplicas por el número de semanas que tiene el mes y así llegarás a juntar un año. Descubriremos que la felicidad es un estado permanente de equilibrio que se traduce en alegría, bienestar y gozo por las pequeñas dosis que recibimos a cada momento.

La felicidad no es tener cosas, ni coleccionar personas como amigos o compañía. La felicidad es algo que vibra en tu interior y te permite sentirte satisfecho.

Así, vamos descubriendo que lo fundamental de nuestra existencia es sin costo. Poder respirar, movernos, bailar, brincar, tener apetito por aprender algo nuevo cada día, ver una buena película o serie, escuchar música, disfrutar un paseo en el parque o en el bosque, leer un libro, recorrer un museo o solo contemplar un par de gorriones comer y verlos volar en un arbusto en el jardín. 

La primera dosis

La primera dosis, muy pequeña, que tenemos que proponernos es no quejarnos sin justificación. Quejarse sin ton ni son te intoxica el estado de ánimo. Es verdad que hay cosas que no funcionan o consideramos que no están bien pero si no podemos componerlas ¿para qué nos quejamos?

La segunda dosis

La otra pequeña que le sigue es no criticar. Nadie es perfecto. Aceptemos las imperfecciones de los otros para que ellos acepten las nuestras. 

La tercera dosis

Otra dosis es agradecer con el alma todo lo bueno que vas recibiendo. Desde lo más simple hasta lo más complejo agradece.

Si tienes mucho trabajo da las gracias y si tienes poco, también agradece lo poco que recibes de trabajo para que así generes una energía que te irá trayendo más beneficios. 

Nos podemos pasar todo el día enlistando las pequeñas dosis que puedes generar de felicidad. Pero hagamos una síntesis de ellas. Aquí te dejo un par de fórmulas:

UNO: La primera fórmula vamos a llamarla RASC: Recibe – Agradece – Sonríe y Comparte las pequeñas dosis de felicidad con los que te rodean, quieres o amas.

DOS: La segunda fórmula es DAV: Disfruta – Aprende y Vive cada momento con intensidad.

Ese apetito por aprender, disfrutar lo que tienes y aprovechar tu vida al máximo hace que contagies a los demás con ése “apetito de vida” y generas un ambiente positivo. Eso sí, aléjate de las pequeñas dosis de veneno que traen ciertas personas y que te buscan inocular con él.

Rechaza a los que se quejan de todo, a los que quieren infundir miedo, a los que gozan diciendo que todo está violento o va de mal en peor, a los que promueven la destrucción de la armonía generando energía negativa. Esos personajes tóxicos son los vampiros de tu felicidad.

Ellos son felices haciendo infelices a los otros. Aléjate de los círculos viciosos y genera círculos virtuosos, que es la forma ideal para que aquilates las pequeñas dosis de felicidad que tenemos a cada instante.

¡Pruébalo un día, una semana o un mes y notarás el cambio que tendrás en compañía de tu propia felicidad!