Por Omar Ocampo.- La epidemia ha movilizado conciencias, economías de varios países, y a los organilleros del Centro Histórico de la capital mexicana, varios han salido del primer cuadro a “corretear la chuleta”.

Ante la restricción de las autoridades sanitarias, de no tocar en las calles del primer cuadro capitalino -a fin de evitar aglomeraciones mayores a 50 ciudadanos-, los músicos ahora deambulan por unidades habitacionales y colonias, llevan a cuestas el organillo que pesa entre 50 y 60 kilos.

Andan de tres en tres, como aquellos tríos que hace unas décadas salían en las noches a dar serenatas en puertas y ventanas de las enamoradas, pero a los “hombres de café” nadie los contrata. Tocan bajo el sol a plomo, ofrecen sus melodías a cambio de unas monedas.

Gaspar González, miembro de la Unión de Organilleros de la Ciudad de México, compartió a Notimex que decidieron salir del centro desde el 2 de abril, cuando las autoridades restringieron el paso a las calles del primer cuadro, porque la gente y el dinero “ya no sale”.

Ahora, cual carteros, van de casa en casa, en pos de las personas confinadas en sus hogares.

«Si Mahoma no va a la montaña, la montaña viene a Mahoma. Como están en su casa, pues vamos a visitarlos a su casa», señaló Gaspar en uno de los pasillos de la Unidad Habitacional Cuitláhuac, delegación Azcapotzalco.

De café riguroso -incluido el tapabocas ante la epidemia- se ponen en cada edificio, mueven el organillo con unas ruedas adaptadas. Al frente del instrumento hay una leyenda: “No puedo quedarme en casa, tengo que conseguir sustento para mi familia».

Los organilleros ahora compiten contra Spotify, You Tube y los canales de televisión de videos de música que suenan en los domicilios, atendiendo el «quédate en casa», la frase que colma casi todos los medios, como una invisible barrera contra el coronavirus.

«Ojos de Juventud», «Las Golondrinas» o «La Pajarera» de los organillos, que resonaban en las calles Madero, Artículo 123 o Isabel la Católica hasta hace unos días, poco pueden competir con las bocinas tronando o los auriculares en los oídos.

Mientras Gaspar y sus compañeros recorren departamento por departamento, sobresale la pregunta ¿la epidemia acabará con los músicos callejeros, podrá con ellos como no han podido sismos, devaluaciones, cambios generacionales?

Los organilleros no lo saben, pero ahora sus melodías -en lo que dura la emergencia- serán parte de los “ruidos” de las unidades habitacionales: el del vendedor del agua de garrafón, la voz del señor del fierro viejo y el vendedor de los tamales. (Notimex. Abril de 2020)

Imagen de esasandy_lok en Pixabay https://pixabay.com/es/photos/organillero-m%C3%BAsica-parque-1205697/