Por Alfonso Aguilera Gómez*.- El universo personal tiene los límites que a cada quien convenga, por lo tanto es tan pequeño o amplio como se desee. En la infancia es común recrear escenarios y llenarlos de seres lo mismo fantásticos que espeluznantes. Por ejemplo, ¿quién no tuvo un amigo imaginario o un juguete o la frazada para resguardarse del miedo a lo desconocido?. Todos cruzamos esos umbrales de terror y con la luz del amanecer ya estábamos renovados y listos para enfrentar otra batalla.

Sin embargo, las cosas no suelen ser tan mágicas ni permanecer eternamente, porque la ley de la vida nos lleva a crecer, a tomar riesgos, a enfrentar retos y también a encarar nuestros fantasmas. Con esa cotidianidad vamos poco a poco llenando nuestro equipaje de experiencias.

A la hora de poner en práctica nuestros conocimientos y aprendizajes en la empresa, no es de extrañar que aquel temor a lo desconocido se haga presente. Las situaciones pueden ser tan variadas y sencillas como presentar un proyecto o modificarlo, ofrecer una presentación, recibir visitantes o entrevistar candidatos a un puesto.

Es decir, cada situación que implique la interrelación con los demás, supone un encuentro con nosotros mismos, porque tenemos el compromiso de llevar a buen término la tarea, sea encomendada o por cuenta propia.

En las experiencias que los Mandos Intermedios me refieren, por lo regular salen a flote inquietudes como por ejemplo, saber si se está haciendo lo correcto en tal o cual situación, si resulta conveniente presentar una idea nueva, si será adecuada cierta propuesta. En fin, en todo momento hay un cuestionamiento hacia el cómo y las conveniencias del qué.

Pero, en ese mismo sentido, podemos encontrar en la empresa a personas que no se atreven siquiera a cuestionar ni menos imaginar una innovación o una propuesta.

La falta de seguridad en sí mismos y el temor a enfrentar, no al jefe inmediato, sino enfrentarse a sí mismos para exponer, puede paralizar a las personas, entonces optan quedarse en la línea que delimita la llamada zona de confort.

No ir más allá, situarse en esa zona donde se está aparentemente muy “cómodo”, se convierte en un lastre que frena la creatividad, porque no implica retos ni esfuerzos adicionales. Es decir, las personas prefieren no traspasar la línea de lo que resulta familiar, más por temor que por falta de conocimientos. Por exagerado que parezca, siempre hay alguien así en la empresa.

Esa actitud de estar y sentirse “cómodo”, en determinado momento anquilosa a la persona, la deja en un cubículo, tras una computadora, impidiéndole verse en el espejo del crecimiento personal y tarde o temprano su actitud tendrá un reflejo en el equipo de trabajo.

Imaginemos que alguno de los integrantes de nuestro equipo manifiesta apatía, insatisfacción y hasta pereza para hacer sus tareas. Obviamente, por pequeña que sea su actividad, al formar parte del engranaje de la organización, su actitud va a repercutir en los demás. Si el jefe o incluso cualquier compañero le hace ver esta situación, es probable que la persona responda positivamente y cambie, pero si no genera ninguna reacción ni cambios en su actitud, el resto de la maquinaria se verá inmovilizada. Recordemos que para avanzar en la empresa tenemos que caminar juntos, cada quien haciendo bien su trabajo.

Abrir horizontes

Si bien la responsabilidad de un Mando Intermedio es orientar el trabajo hacia los objetivos, al advertir una situación de apatía, deberá tomarse un tiempo para atender al integrante del equipo que tal vez esté cursando una mala racha familiar o no encuentra satisfacción en el trabajo o probablemente no identifique sus propósitos laborales.

Cada quién sus propias historias, pero la empresa al estar formada por personas y ser éstas su columna vertebral, no podrá andar si un elemento se ancla en la socorrida zona de confort. Situarse ahí, pudiera ser hasta incómodo, pero quizá la persona que lo vive no logra siquiera identificar que la falta de proactividad y dejadez son más bien incómodas.

Frente a una situación así, el Mando Intermedio está llamado a:

  1. Observar a sus integrantes, identificar si están desempeñándose satisfactoriamente;
  2. Impulsarlos a afrontar con ánimo el trabajo;
  3. Alentarlos a dar lo mejor de sí mismos.

Todo con el fin de que las aspiraciones laborales no se reduzcan a hacer una tarea por un sueldo, sino que con el trabajo, cada integrante se crezca en dignidad contribuyendo a hacer un mejor equipo y juntos dar batalla al fantasma de la desidia.

Alfonso Aguilera Gómez es Director General de ICAMI Región Centro. Cuenta con una Máster en Dirección de Empresas para Ejecutivos con Experiencia, por el IPADE.

ICAMI es el único Centro de Formación y Perfeccionamiento Especializado en Mandos Intermedios. Trabaja en alianza con el IPADE desde su fundación. Su Claustro Académico Nacional suma 240 integrantes, de los cuales 104 están en la Región Centro. Todos sus profesores son expertos en el Método del Caso. El 58% son dueños, presidentes de consejos u ocupan puestos directivos en las empresas. ICAMI se ubica en la Calle Mar Mediterráneo 183, Colonia Popotla.