Dunia Rodríguez.- Espinacas, nueces y miel combinan muy bien. A esta ensalada puede agregarse una manzana o pera en rebanadas. La clave está en poner la cantidad precisa de miel, para evitar que el sabor dulce predomine sobre los demás.

Pero, ¿cuánto es la cantidad precisa de miel? ¿una o dos cucharadas? ¿solo un chorrito? ¿cuánto mide un chorrito de miel?. Nada sé.

En esas estaba cuando en tropel vinieron a mi cabeza una mata de rosas acosada por las abejas, un campo de girasoles, una charola con rebanadas de piña, los puestos de frutas en un mercado, al medio día. Fueron recuerdos muy gratos, luminosos y suculentos, porque me gustan las frutas, los campos y el medio día.

Recordé la casa de mis abuelos maternos, donde había abejas. Contaba mi madre que entre sus tareas de niña estaba el echar humo a la colmena para ahuyentarlas mientras sacaban la miel. Eso es para mi un deporte extremo, porque cierta ocasión fui atacada por una abejita. Me picó en un pie y yo pensé que moriría, pero no, la que murió fue la abeja. Me picó, la pisé y ahí terminó su historia y comenzó para mi la aversión a las abejas. Aún recuerdo la hinchazón del pie y esa mancha rosada y caliente que me dejó sin caminar por varios días, durante los cuales me instalé en el drama y fui atendida a cuerpo de rey, bueno de reina, por mi abuela, mi madre y mis tías.

Mientras rebanaba la pera, mis aturdidas neuronas trataban de poner una medida a la medida exacta de miel, entonces imaginé el zumbido y un panal. Claro, me dije, es ahí, en el panal, donde las abejas hacen la miel, donde la cocinan.

Debo confesar que tuve otros pensamientos. Por ejemplo, pensé, me pregunté si las abejas duermen. No lo sé. El mundo de las cosas y los seres es tan grande que todos los días me la vivo haciendo preguntas y buscando respuestas.

No sé si las abejas duermen, porque cuando niña me mostraron a la abeja como la imagen del trabajo, del esfuerzo, de la dedicación. En mis cuadernos del kinder, la maestra estampaba con un sellito de goma una abejita cuando concluía mis trabajos, así tener muchos sellitos en los cuadernos era igual a ser tan trabajadora, tan afanosa como las abejas. Qué felicidad. Cuánto orgullo.

Total que así aprendí la historia. En definitiva nunca he visto una abeja dormida. Resolví que la cantidad de miel para la ensalada es el chorrito o número de cucharadas justas para evitar que el sabor dulce predomine sobre los demás.