Alfonso Aguilera Gómez*.- Para que las cosas ocurran primero hay que imaginarlas, luego crearlas y después ponerlas en práctica. Es decir, se requiere del impulso, del movimiento, de la ejecución y también de la continuidad. Esta cadena de acciones ocurre todos los días en lo que hacemos, tanto en lo personal como en la vida laboral.

Aventurar inventos que revolucionen el mundo y hasta una sencilla actividad, como dotar a un colaborador de las herramientas para hacer su trabajo, llevan impreso ese empuje.

Sin embargo, nadie tiene la varita mágica para que el movimiento ocurra en automático. Todo es parte y resultado de un proceso. Eso lo saben muy bien los Mandos Intermedios, quienes con paciencia y precisión tienen que mover a su equipo, coordinar las tareas, delegar responsabilidades, así como reorientar la ruta cuando es necesario.

En el mundo de los Mandos Intermedios nada sucede por obviedad ni por estar escrito en un manual de operaciones ni porque los colaboradores son muy buenos e intuitivos. El exceso de confianza puede hacer que los planes fracasen o que la rueda gire, pero no en la dirección proyectada.

Un Mando Intermedio está llamado a hacer que las cosas sucedan, y sucedan bien, que el personal a su cargo se empeñe en sus tareas, las cumpla y entregue resultados. Pero sin duda su mayor reto es coordinar.

El diccionario nos muestra el complejo mundo que entraña coordinar. Nos dice que se trata de “disponer ordenadamente una serie de cosas de acuerdo con un método o sistema determinado”, así como de “combinar medios técnicos y personas y dirigir sus trabajos para llevar a cabo una acción común”.

El puesto clave

Si afirmamos que las empresas están en manos de sus Mandos Intermedios, no es ninguna exageración, porque en ellos recae la compleja responsabilidad de “disponer”, “combinar medios”, “dirigir”, organizar, planificar, gestionar y más, mucho más.

Podríamos desmenuzar el término, pero baste con saber que tras el gafete de cada supervisor, director de área o jefe de proyecto o de producción, hay una persona con liderazgo capaz de definir tareas, asignarlas a las personas adecuadas, establecer plazos, proporcionar medios y organizar métodos de supervisión. En resumen: la persona encargada de organizar los esfuerzos y traducir a la base operativa, la estrategia de la alta dirección.

Se trata de un puesto clave en la empresa, que requiere de continua capacitación y un atento perfeccionamiento de sus habilidades.

¿Cómo le hago? Ahora bien, si cumplir es la meta; coordinar al equipo es el reto.

Para armonizar las tareas de los colaboradores no hay receta única, porque la empresa como organismo vivo además de su propia dinámica, tiene finalidades distintas, asimismo, cada equipo se construye con base en necesidades específicas.

No obstante, para coordinar un equipo, podemos partir de elementos comunes:

  1. Comenzar por el principio implica conocer al equipo, saber las aptitudes, destrezas y cualidades de cada colaborador.
  2. Contar con el equipo necesario para cada tarea, así como con la persona indicada para desempeñarla. Ocurre que con la falsa idea de economizar, algunas empresas sobrecargan a su personal asignándoles actividades ajenas a su perfil.
  3. Comunicar los objetivos sin importar el tamaño del equipo, todos los colaboradores deben estar en la misma ruta y saber que son parte de una cadena de acciones y que sin el movimiento de uno, el otro podría quedarse parado.
  4. Facilitar las tareas. Cada colaborador y área de trabajo necesita contar con los insumos y herramientas necesarias para poner manos a la obra.
  5. Supervisar que casa colaborador y área lleve a cabo su trabajo.

La hora de celebrar

Trabajar en equipo, conseguir que cada uno de los eslabones de la cadena se articulen y generen el movimiento, es muy complicado, porque cada persona piensa distinto, tiene diferentes conceptos y horizontes de vida. Hacer que cada uno de esos mundos coincidan en la ejecución de un proyecto, es el mayor reto que enfrenta un Mando Intermedio.

Por eso, aunque la cima se advierta lejana y compleja, si cada cual hace bien su parte, el logro es colectivo y en ese mismo sentido tiene que compartirse.

Cuando a un colaborador se le hace partícipe de los logros y la importancia de su colaboración en alcanzarlos, sentirá satisfacción, compromiso y sin duda mayor arraigo a la empresa.

Alfonso Aguilera Gómez es Director General de ICAMI Región Centro. Cuenta con una Máster en Dirección de Empresas para Ejecutivos con Experiencia, por el IPADE.

 

 

ICAMI es el único Centro de Formación y Perfeccionamiento Especializado en Mandos Intermedios. Trabaja en alianza con el IPADE desde su fundación. Su Claustro Académico Nacional suma 240 integrantes, de los cuales 104 están en la Región Centro. Todos sus profesores son expertos en el Método del Caso. El 58% son dueños, presidentes de consejos u ocupan puestos directivos en las empresas. ICAMI se ubica en la Calle Mar Mediterráneo 183, Colonia Popotla. http://icami.mx/