Abrigo, monedero, cuna, tendedero, pañuelo y mortaja, el rebozo es la prenda mestiza por excelencia. Su origen envuelve una historia fascinante de mezcla de culturas.

Conti González Báez (syntaxisinfo.com).- El tradicional son mariachero La Negra, que suena a todo dar en este mes patrio, se compuso entre 1814 y 1821, según el maestro Jesús Jáuregui, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Una estrofa le sirvió de partida para rastrear los orígenes independentistas del son:

¿Cuándo me traes a mi negra?

Que la quiero ver aquí

Con su rebozo de seda

Que le traje de Tepic.

Su hipótesis es que la Feria de Tepic funcionó en todo su esplendor durante la Guerra de Independencia y los años posteriores al conflicto armado (1821-1827). Entendemos que ahí se vendían, pero no se fabricaban rebozos.

En su libro El encanto de los trapos, Virginia Sendel Lemaitre explica:

“El rebozo es la prenda mestiza por excelencia… es la integración de la toca, el manteo y el manto español con las tiras de algodón que las indígenas usaban como chales de cabeza. Los primeros paños del rebozo, dicen los historiadores, deben haberse tejido para el uso de la mestiza, que no tenía los medios para vestirse como la mujer española y tampoco le era permitido usar la ropa de las indígenas”.

“Rebozo Palomo de Santa María del Río en su caja de madera con incrustaciones. Me lo regaló mi abuela y fue premiado en un concurso en Morelia”, comenta la artista Concepción Baez Sánchez, quien nos comparte el testimonio de un tesoro familiar, valiosa herencia.

Según La Casa de las Artesanías de San Luis Potosí:

“En su obra Historia de las Indias, de 1572, el fraile dominico Diego Durán ya hace mención del rebozo, prenda mestiza por excelencia, que nació de la necesidad que tenían las mujeres mestizas de cubrirse para entrar a los templos. Inspirándose en las tocas que los frailes impusieron a las mujeres indígenas con tal motivo, así como en los mantos de las españolas, los tejedores aprovecharon el telar prehispánico para tejer rebozos de algodón y más tarde de seda y lana… El uso del rebozo se hizo pronto muy popular y de lo más variado. Mientras damas de alta alcurnia lo utilizaban dentro de sus casas, las mujeres del pueblo no salían a la calle sin él. Para ellas era abrigo, monedero, cuna, tendedero, pañuelo y mortaja”.

Los frailes españoles fomentaron el cultivo de la seda en la Nueva España. Durante el siglo XVI se sembraron las primeras moreras en La Hacienda de Los Morales, hoy un famoso restaurante capitalino.

Como párroco de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla promovió actividades productivas que tuvieran valor comercial y ayudaran a elevar el nivel de vida de los habitantes, como la cría de gusanos de seda. Existen todavía en Dolores 84 árboles plantados por él, conocidos como las moreras de Hidalgo.

Otros importantes centros productores de seda fueron Oaxaca, Puebla, Querétaro y San Luis Potosí, donde se empezaron a elaborar finos rebozos, de los que se decía podían pasar por un anillo.

La competencia China acabó con la producción de seda nacional

Pronto, surgió la competencia china. La llegada del Galeón de Manila o Nao de China a Acapulco, con seda de gran calidad y bajo precio, acabó con la producción nacional. Después de todo, los chinos inventaron la seda. Tras la Independencia de México, ese comercio terminó y la seda fue cada vez más cara y difícil de conseguir.

El ingeniero francés Louis-Marie Hilaire Bernigaud de Grange, conde de Chardonnet, quien colaboró con Louis Pasteur para combatir una plaga que atacaba al gusano de seda, inventó en 1886 una seda sintética llamada artisela o seda Chardonnet. Por tener un costo menor que el de la seda natural y ser fácil de obtener, pronto fue la preferida para el tejido de rebozos.

Pueden ser de seda, artisela, lana o algodón, como el de bolita de la canción La patita de Francisco Gabilondo Soler Cri-Cri. El nombre se debe a que la madeja de algodón viene enrollada en una bolita.

La urdimbre

Son famosos las tejedoras de Paracho, Michoacán, que elaboran el rebozo de patakua, los de Tenancingo, Estado de México, que siguen 15 pasos y tardan hasta cuatro meses en hacer un rebozo, y los de Santa María del Río, San Luis Potosí, cuyos artesanos reboceros tienen fama mundial.

Rebozos de Aranza, municipio de Paracho, Michoacán. Tejedoras: Teresita de Jesús Soto Amado y María de la Luz Mendoza Santos.

El arduo proceso incluye devanar el hilo, la urdimbre, la pepena del hilo y el jaspe en el bastidor según el diseño, el torcido y amarre con nuditos para que no penetre la tinta, el teñido, el secado y el tejido en el telar. Luego, las empuntadoras tejen a mano el rapacejo o fleco; tardan aproximadamente 20 días, según el tamaño del rebozo. Por eso son tan caros y apreciados.

Un complemento de los rebozos santamarienses son las tradicionales cajitas de fina madera taraceada, para guardarlos. Foto cortesía de Conti González Báez.

El Museo Nacional de Culturas Populares presenta este mes patrio la exposición Textiles y Rebozos 2018, con los galardonados en el Concurso Nacional organizado por Fonart, Artesanías Mexicanas. Hay piezas elaboradas con técnicas de hilado, tejido y bordado; incluyen diseños tradicionales y nuevas propuestas. ‬

En la misma sede se llevará a cabo la Feria Artesanal Tápame Con Tu Rebozo. Arte Popular Mexicano 2018. Del 13 al 16 de septiembre, los asistentes podrán admirar y adquirir rebozos de algodón, seda, artisela o lana; de bolita, de patakua, emplumados, deshilados, en color natural o teñidos; tejidos en telar de cintura o de pedal; con rapacejos o flecos y sin estos.

(STX/CGB/Ciudad de México, septiembre 12 de 2018)