Alfonso Aguilera*.- Empezar por el principio ha sido la mejor recomendación que me han dado en la vida. La recibí siendo adolescente, cuando me sentí entrampado con una tarea, algo difícil, pero no imposible. El centro del problema en aquellos momentos de agobio fue identificar por dónde empezar: “por el principio”, me dijo en son de broma uno de mis maestros. Esa lección que parece un chiste ha sido vital: identificar el principio de la madeja ayuda a desenredar el nudo.

¿Qué pasa al interior de las organizaciones? ¿Dónde está la punta de la madeja? ¿Cómo le hacemos para desenredar los nudos que entorpecen las tareas?

Sin duda, la palabra que escuchamos con mayor frecuencia cuando hablamos de formar equipos de trabajo es apatía: la gente no quiere participar, no le echa ganas, no se les prende el foco. En fin, son incontables las frases célebres a la hora de echar a andar la maquinaria para alcanzar un objetivo grupal. ¿Pero, dónde está el problema?

Una de las cualidades del Mando Intermedio es saber encontrar la punta de la madeja, es decir, ser buen observador. El Mando Intermedio, quien además de ser la bisagra entre la alta dirección y el mando operativo, tiene en sus manos la tremenda labor de saber tomar la temperatura a su equipo de trabajo y para ello la mejor recomendación es empezar por el principio.

Se lo advertí, aquella recomendación de mi maestro, sigue siendo útil en las actividades al interior de una organización, de ahí que se la paso al costo, ya que para detectar posibles trabas o conflictos que pongan en riesgo las tareas, el Mando Intermedio deberá aguzar los sentidos y poner en juego su inteligencia para identificar qué está pasando. Tendrá que diagnosticar si el equipo tiene el mal de la apatía o se instaló en la inercia; si solo alguna persona padece estos males y como la manzana podrida en el frutero, nos está echando a perder al resto del grupo. En suma, hacer un diagnóstico a partir de los hechos y los resultados observados.

Más allá de los objetivos

Observar al equipo es lo primero a poner en práctica; luego vendrá la aplicación de soluciones, entre ellas, lo mismo puede ser rotación de personal, que la reasignación de tareas o la delegación de funciones.

Pero para iniciar cualquier cosa que nos lleve a alcanzar los objetivos, es importante detectar si lo que falta en el ambiente es algo tan común y corriente como la confianza.

Dar por hecho que las cosas van a operar de manera óptima solo por tener a los colaboradores mejor calificados, es un error. El ambiente laboral es determinante y si carece de algo tan primordial como la confianza, tanto los colaboradores como los objetivos están en riesgo.

Tan simple como que la confianza nos hace alcanzar de una manera más sencilla aquello que nos proponemos. En las organizaciones, si el punto de partida se inicia con paso firme, es decir, fincado en la confianza que se tiene en las personas, en sus capacidades, así como en uno mismo al delegar y designar las funciones, los objetivos se conseguirán en tiempo y forma. Es como si los deseos de que todo salga bien, se hicieran realidad.

El horizonte de la confianza es tan amplio que genera seguridad al colaborador, porque al brindarle un buen ambiente se desempeña con mayor libertad, no tiene temor de opinar o de proponer, es proactivo porque sus ideas son escuchadas, discutidas y pueden ponerse en práctica.

Me ha tocado atestiguar cómo los equipos de trabajo logran mejores resultados, cuando ponen por delante el sentido humano, y a partir de ahí, el compañerismo, la cordialidad, la libertad de acción, se dan casi de manera natural.

El principio, sin duda alguna, es el impulso de las potencialidades de cada colaborador, el reconocimiento a sus capacidades, la motivación del equipo.

Todo ello va más allá de los objetivos, porque la confianza como otros componentes de la maquinaria en las organizaciones son intangibles, sin ellos la empresa no podría funcionar o lo haría como muchas dificultades, con integrantes que solo cumplen tareas para recibir un pago, pero sin motivación, apáticos, ajenos al horizonte común que nos hace crecer en equipo.

Muchas veces nos agobiamos intentando reformular objetivos, metas, planes de trabajo, cuando la solución puede estar en la sencillez de saber que las empresas están hechas por personas y a partir de ellas es que debemos actuar.

*Alfonso Aguilera Gómez es Director General de ICAMI Región Centro. Cuenta con una Máster en Dirección de Empresas para Ejecutivos con Experiencia, por el IPADE.

ICAMI es el único Centro de Formación y Perfeccionamiento Especializado en Mandos Intermedios. Trabaja en alianza con el IPADE desde su fundación. Su Claustro Académico Nacional suma 240 integrantes, de los cuales 104 están en la Región Centro. Todos sus profesores son expertos en el Método del Caso. El 58% son dueños, presidentes de consejos u ocupan puestos directivos en las empresas. ICAMI se ubica en la Calle Mar Mediterráneo 183, Colonia Popotla. (STX/AAG/Ciudad de México 8 de agosto, 2018).