Dunia Rodríguez.- “Posada nació el día que murió don Lupe. Don Lupe era el señor que andaba haciendo sus dibujitos por aquí y por allá, y cuando se muere don Lupe pasan muchos años para que empiece el mito de José Guadalupe Posada”.

Así lo explica Agustín Sánchez, en el libro José Guadalupe Posada. Una historia en blanco y negro.

Es un libro en formato pequeño que editó el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (2010), como homenaje al grabador.

Recuerdo que compré esa publicación por duplicado, un ejemplar anda por España -lo regalé a mi amigo Paco San Pablo, anticuario de libros- y otro se quedó conmigo.

A estas alturas, Posada ha sido rebasado por uno de sus personajes, es decir, de los dibujos que realizó: La catrina. Hoy día, catrinas van, catrinas vienen. Los vestuarios se venden en mercados, a propósito de los disfraces de halloween. Se hacen concursos de catrinas. La catrina aparece en marchas y plantones. Vaya, la catrina es un personaje presente, ¿omnipresente? Se la puede ver por la calle Madero en la Ciudad de México cualquier fin de semana y no, no es su espíritu, sino un hombre pasado de kilos y baja estatura disfrazado de catrina.

Calavera garbancera

Pero el nombre “la catrina”, dice el investigador Agustín Sánchez, fue más bien producto de los ganchos, digamos publicitarios, de Diego Rivera (apodado el sapo, o el sapo-rana, según Frida Kalho).

En su libro, Sánchez apunta: “Posada nunca creyó que era un gran artista, que era un gran personaje. Y Diego Rivera lo inventa, como inventó a Frida Kahlo. Lo mismo Leopoldo Méndez: inventa un Posada que no tiene nada que ver con el Posada de la realidad, es decir, inventó un político radical, con una concepción política muy avanzada. Y las investigaciones recientes demuestran que no fue así: era un hombre que tan sólo trabajaba. Él iba haciendo los trabajos que le encargaban”.

José Guadalupe Posada fue un grabador. Nació en Aguascalientes en febrero de 1852 y murió en la ciudad de México en 1913. Su obra se estima en alrededor de 20 mil grabados, donde da cuenta de inundaciones, crímenes, sucesos sociales y políticos, hechos sobrenaturales. Posada, se dice, tuvo buena “aceptación y admiración popular, por su sentido del humor, propensión a lo dramático y calidad plástica. Retrató las creencias y formas de vida cotidiana de los grupos populares. Ilustró las famosas “calaveras”, versos alusivos a la muerte que junto con sus demás ilustraciones, se distribuían en periódicos y hojas sueltas”.

En fin. La catrina pertenece a esos tantos grabados donde su crítica se centra en el problema de la identidad.

“Es interesante ver cómo esta invención de Posada tiene que ver con una falsa idea de la propia invención de Diego, porque la catrina no es la catrina, su nombre real es la Calavera Garbancera. Los garbanceros o las garbanceras eran los indígenas que querían ser como los españoles, mas no como indígenas”, anota el investigador Agustín Sánchez. (STX/03-2017)