Alfonso Aguilera Gómez.- Tanto compartir las experiencias como participar en la solución de problemas son formas en que una empresa puede alcanzar metas y celebrar éxitos. Hoy como nunca antes, tenemos que aprender nuevas maneras de hacer las cosas, compartir experiencia y creatividad para acceder a nuevos aprendizajes y encontrar oportunidades en nuestra labor diaria.

El tiempo del jefe como cabeza única, que resuelve, decide y traza el camino a seguir, es un modelo que está quedando a la zaga, porque cada día los niveles de exigencia y compromiso requieren de la participación de todos, no sólo en el desempeño de las tareas propias, sino porque cada integrante de una organización es un ente potencialmente creativo.

Tener presente esta noción como forma de actuar en la vida personal y laboral nos brinda una disposición más abierta y colaborativa para enfrentar los retos que pudieran presentarse.

Vivir acorde a los tiempos, requiere dejar de ver a los directivos como los poseedores de todo el conocimiento, obliga a escuchar las ideas y propuestas de los demás, porque cada persona desde sus saberes está en capacidad de aportar soluciones o nuevas formas de organización.

Si esto no se pone en práctica en muchas de las empresas, es porque aprendimos desde la imposición y no de la creación.

Desde nuestros días de escuela, nos enseñaron a resolver tareas, aprobar exámenes, pero no a apropiarnos del conocimiento. Tal vez pocos tenemos el recuerdo de un maestro que nos haya incitado a imaginar, crear, deducir o indagar. Ir más allá de lo que nos corresponde hacer, saborear el delicioso placer de aprender y quedarse con el antojo de más, son experiencias que de ponerse en práctica en las empresas, redundarían en mejores resultados.

La motivación juega un papel determinante. Además, el reconocimiento a la experiencia y la aprobación de las propuestas generan un ambiente armónico. Con ello, cada integrante de la empresa, se siente parte importante, porque lo es, no solo un elemento más.

¿Cómo lograr lo anterior en un medio donde prevalece la competencia? Hemos aprendido a vivir bajo la ley del más fuerte. Frases como “el pez grande se come al pequeño”, nos remiten a un mundo donde impera la sobrevivencia. Incluso, llegamos a pensar que “la ley de la selva” es más real en el hábitat empresarial, que en la propia jungla. Competir es vital, pero no hacer de ello el arma para aniquilar al primero que se nos ponga enfrente.

Hemos aprendido a competir, a usar las armas más letales como la descalificación, la traición, la humillación y otras más en contra de aquellos que consideramos nuestros enemigos porque creemos que somos mejores que ellos o porque suponemos que ocupan un mejor puesto porque hicieron trampa. Entonces nos empeñamos en aniquilarlos, derribando así la valiosa oportunidad de aprender de los demás.

Todo este sistema, lamentablemente arraigado en muchos centros de trabajo, es el mayor reto a enfrentar por los directivos, quienes tienen en sus manos la tarea de entregar buenos resultados. No es sencillo siquiera imaginar una organización que está al amparo juegos sucios como que te cambien las cosas de lugar o las hurten, donde la proactividad es vista como oportunismo, por decir lo menos.

La creación en colectivo es lo más sano que puede sucederle a una empresa. Para ello es vital tener como eje al ser humano, no ver en el otro al enemigo a vencer sino como un compañero de quien podemos aprender, una persona que es importante porque con su trabajo hacemos que el nuestro sea mejor.

Así se trate de la persona que atiende la recepción o limpia los pisos o se encargue del comedor, su empeño en la tarea que le corresponde hace que nuestra labor como directivos o ejecutivos, luzca, y a la vez que nuestra tarea rinda cuentas saludables. Con ello crecemos todos porque somos parte de ese lugar donde ejercemos nuestra profesión, donde recibimos un pago para vivir, donde nos desarrollamos y pasamos más tiempo que incluso en nuestra propia casa.

Si cada persona pone en juego su experiencia, si realiza su trabajo con dedicación, si nos sentimos parte de un equipo, el beneficio se vendrá en cascada. Con esta dinámica estaremos fortaleciendo a nuestros centros de trabajo porque sus pilares tendrán la solidez de lo humano, sin que nos gane la voracidad de la competencia, sino desde la colaboración, dando así un valor agregado a la empresa.

Alfonso Aguilera Gómez es Director General de ICAMI Región Centro. Cuenta con una Master en Dirección de Empresas para Ejecutivos con Experiencia, por el IPADE.

 

Nuestro país vive nuevos retos, enfrentarlos pide lo mejor de nosotros como personas. Pensar, crear, aprender, solucionar en colectivo, siempre serán la mejor respuesta.

ICAMI es el único Centro de Formación y Perfeccionamiento Especializado en Mandos Intermedios. Trabaja en alianza con el IPADE desde su fundación. Su Claustro Académico Nacional suma 240 integrantes, de los cuales 104 están en la Región Centro. Todos sus profesores son expertos en el Método del Caso. El 58% son dueños, presidentes de consejos u ocupan puestos directivos en las empresas. ICAMI se ubica en la Calle Mar Mediterráneo 183, Colonia Popotla. http://icami.mx/